Lactancia

Hay muchos motivos por los que no se lleva a cabo una lactancia materna.


Obviamente si la madre decide no hacer lactancia materna por el motivo que sea, es totalmente válido, respetable e indiscutible.


Pero hay veces que un mal asesoramiento puede tirar la lactancia por tierra.
En el inicio de la lactancia, las mujeres estamos en un momento muy vulnerable, muy delicado tanto físico como emocionalmente y los miedos, dudas y la culpa se apoderan fácilmente de nosotras.
Existen muchos mitos y consejos (de vecinas, tías, abuelas y algún que otro pediatra desactualizado), que no aportan absolutamente nada y aumentan las inseguridades.

Por eso, creo que lo mejor es informarse correctamente. Cuanta más información recopilemos antes del inicio de la lactancia, más “fácil” será que funcione. La información es poder en todos los aspectos de la vida, y también en algo tan importante y a la vez tan básico, como empezar a amamantar.

Comentarios del tipo: tu leche no alimenta, tienes el pecho muy grande o pequeño, llora porque tiene hambre, te usa de chupete, no duerme porque está enganchado a la teta, es demasiado mayor para tomar teta, eso es vicio, etc. No aportan absolutamente nada y aumentan la inseguridad en la recién madre. Así que si eres pareja, abuela, vecina o tía y lees este post, te aconsejo que revises si alguna vez lo has podido decir y no vuelvas hacerlo nunca más.

Para poder conseguir que nuestra lactancia funcione, lo primero de todo es creérnoslo. Biológicamente hablando somos la generación de mujeres más “optimizadas y mejores” que ha llegado evolutivamente hasta aquí.

¿Qué clase de mamíferos seríamos si no fuéramos capaces de amamantar a nuestras crías?

Después, informarte (hay millones de libros, grupos, asesoras… ¡busca lo que más resuene en ti!). Suelo recomendar a las madres embarazadas que vengan a los grupos de crianza.  Observar y charlar con madres recientes, ver como dan el pecho, escuchar sus experiencias y sus emociones hará que cuando estemos en ese punto, conectemos rápido con la esencia de la tribu y sepamos que somos capaces de hacerlo, y si no, podremos buscar ayuda.

Es necesario tener una red de ayuda y sostén, que nos anime, que nos felicite la vida y que nos apoye y sobretodo que NO nos genere más dudas y miedo.

Si pensamos que nuestro hijo se queda con hambre, que no lo hacemos bien, que mama mucho, si miramos continuamente el reloj y anotamos (aunque sea en nuestra cabeza) cada vez que toma pecho, y de qué pecho ha sido y cuánto tiempo ha estado…la lactancia será horrible. No la vamos a disfrutar, y seguramente, acabará más pronto de lo nosotras y nuestro bebé querría. La lactancia debe disfrutarse, no desde la mente sino desde el desasosiego.


La lactancia no debe doler, si duele, y sobre todo si salen grietas y no desaparecen hay que acudir a un especialista. En el momento que aparecen grietas y dolor debemos acudir a una consultora IBCLC para comprobar que realmente no haya un problema físico que entorpezca esta lactancia.


Los inicios de la lactancia pueden llegar a resultar realmente agotadores. Muchas mujeres coincidimos que los primeros meses “somos una teta con patas” y se apodera de nosotras una sensación de no «hacer nada», de «sólo» amamantar. Esto genera mucha frustración, llevamos tan arraigado lo de «ser productivas», que parece que alimentar, criar y cuidar a un bebé para ayudarlo a sobrevivir y crecer sea poca cosa. Estar disponibles para nuestro bebé es lo mejor que podemos hacer

Así, que mi experiencia me anima a decir que aparte de informarse hay que relajarse. Para dar el pecho debemos estar tranquilas y confiar, confiar en nosotras, en nuestro cuerpo, confiar en nuestro bebé y observar. Observar a nuestro hijo amamantar, observar cómo crece, cómo se alimenta, cómo se sacia, cómo duerme, cómo nos busca…La lactancia, así como la maternidad, nos permite poner el freno a una vida encorsetada y programada. Permítete frenar

Somos el mejor alimento para nuestro hijo.


Finalmente, algunas madres pueden optar por dar biberón presionadas por el posible vínculo que pueda generar el padre con el bebé. Si el papá quiere involucrarse en la crianza puede hacer miles de cosas. Por un lado gestionar la logística de la casa (cocinar alimentos ricos y saludables, recoger, limpiar, ir a comprar, etc), cuidar a la mamá tanto física como emocionalmente (sostener emocionalmente a una puerpera es una tarea complicada), facilitar su descanso, y finalmente interactuar con el bebé de otras muchas maneras (bañarlo, cambiarle los pañales, vestirlo, portearlo, etc).

No hace falta dar un biberón para generar vínculo. Este se genera a través del cuidado continuado y del contacto físico. Sobre vínculo paterno os hablaré en otro post


Por último quiero comentar algo que es muy importante una vez la lactancia ya está establecida y es que la lactancia materna debe durar hasta que mama y bebé quieran. Punto.

Espero que esto resuene, y si tienes dudas puedes contactar conmigo

Eva Catalán

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